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La soledad que nadie admite

  • Foto del escritor: Levi Shmotkin
    Levi Shmotkin
  • 27 may
  • 2 min de lectura

Era el verano de 1970. Menajem Eini, piloto de combate israelí, fue derribado por un misil en territorio egipcio. Herido, capturado, pasó tres años en cautiverio con otros nueve prisioneros israelíes, encerrado en una celda sin luz solar, sin contacto con el exterior.

Cuando finalmente fue liberado, volvió a casa. Volvió a trabajar. Parecía recuperado. 'Exteriormente yo era productivo y enérgico. De hecho, me presentaron como un modelo de recuperación y resiliencia. Por dentro, sin embargo, ocultaba una terrible fatiga interior.'

El encuentro que lo cambió todo

Un amigo lo llevó a ver al Rebe. Por primera vez desde su liberación, Eini se permitió abrirse. El Rebe lo escuchó —completamente presente, sin interrumpir, sin juzgar— durante horas.

'Estuvo absoluta y totalmente presente, compartiendo mi carga conmigo. Su escucha de la manera en que lo hizo me ayudó a sanar. Descubrí que es posible dirigirse plenamente a una persona a través de solo el silencio y la escucha.'

En un momento del relato, Eini mencionó la paradoja del cautiverio: nunca estaban solos — eran diez prisioneros juntos en todo momento. Y sin embargo, cada uno arrastraba su soledad en silencio. El Rebe respondió con cuatro palabras que lo marcaron para siempre: 'Y sin embargo, a pesar de estar todos juntos, cada uno quedó con su propia soledad.'

La soledad que nadie diagnostica

Cuando pensamos en soledad, pensamos en ausencia de personas. Pero hay una soledad más difícil de nombrar: la de quien está rodeado de gente y aun así siente que nadie lo ve realmente. Que nadie sabe qué está pasando en su interior. Que lleva la carga de la vida completamente solo. En la era de las redes sociales, donde nunca estamos 'desconectados', esta soledad se ha vuelto epidémica.

Lo más importante de todo

En una carta a un adolescente, el Rebe escribió algo que vale la pena leer dos veces: 'No sentirse solo en la vida... es lo más importante de todo. Todo el sentido de plenitud y contentamiento de una persona depende de ello.' La sensación de estar acompañados — de que alguien sabe qué llevamos — es el cimiento desde el cual se construye todo lo demás: la alegría, la confianza, el sentido.

IDEAS CLAVE

• La soledad más profunda no es física: es la sensación de no ser verdaderamente visto ni comprendido por nadie. • La escucha genuina —presencia real, sin soluciones ni juicios— puede sanar lo que ningún discurso puede. • Vivir en comunidad no basta si no hay vínculos auténticos de apertura y confianza.

PREGUNTAS PARA SEGUIR PENSANDO

1. ¿Cuándo fue la última vez que te sentiste verdaderamente escuchado, sin que la otra persona pensara en qué iba a responder? 2. ¿Hay algo que estás cargando solo que nunca le contaste a nadie? ¿Por qué? 3. ¿Tu comunidad o grupo de amigos crea espacios para la vulnerabilidad real, o todo se mantiene en la superficie?

CÓMO LLEVARLO A LA PRÁCTICA

Esta semana, elegí una persona de tu entorno y tené una conversación diferente. No para dar consejos ni para hablar de vos: solo para escuchar. Hacele preguntas genuinas sobre cómo está, qué está viviendo, qué lo preocupa. Sé el Rebe por una hora.

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