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El valor de construir desde una identidad sólida

  • Foto del escritor: Levi Shmotkin
    Levi Shmotkin
  • 27 may
  • 2 min de lectura

Vivimos en un mundo que cambia permanentemente. Las certezas se desmoronan. Las referencias se multiplican y se contradicen. La ansiedad y la desorientación son, en parte, consecuencias de no tener un punto firme desde donde pararse.

El Rebe lo veía con claridad: cuando la vida se apoya solo en factores externos y cambiantes —el trabajo, la imagen, los vínculos, el éxito— cualquier sacudida produce pánico. La seguridad construida sobre lo variable no es seguridad: es ilusión.

Un yo unificado

Hay una tensión que muchos conocen: sentir que vivimos en varios registros distintos, sin coherencia entre ellos. Lo que valoramos en lo profundo y lo que hacemos en el día a día a veces van en direcciones opuestas. Esa desconexión produce una fatiga particular: no el cansancio del esfuerzo, sino el de la fragmentación.

El Rebe señalaba que la vida espiritual —entendida no como una obligación formal sino como la expresión de quiénes realmente somos— produce lo opuesto: unidad interior. Cuando la vida diaria se alinea con ese núcleo más profundo, aparece una sensación de sentido, estabilidad y plenitud que ninguna circunstancia externa puede dar ni quitar.

La psicología de la identidad judía

El Rebe observaba que para un judío, vivir desconectado de su identidad genera una tensión interna, aunque no siempre sea consciente de ella. Es como llevar un peso invisible. No por culpa ni por obligación religiosa: sino porque hay algo en el alma judía que reconoce su origen y su destino. Cuando esa identidad se expresa en la práctica cotidiana —el Shabat, la mezuzá, el estudio, la pertenencia comunitaria— aparece algo difícil de describir con precisión pero fácil de reconocer: una sensación de estar en casa.

Seguridad que no depende del mercado

En una era de ansiedad generalizada, el Rebe ofrecía algo que ninguna aplicación de meditación puede dar: una fuente de seguridad que no fluctúa con las circunstancias. Cuando uno sabe —no solo intelectualmente sino visceralmente— que hay una presencia que lo sostiene, cambia algo fundamental en la manera de pararse frente al mundo. Disminuye la necesidad de aprobación externa. Aparece una calma que no depende de que todo salga bien.

IDEAS CLAVE

• La espiritualidad no es un añadido opcional: es la base desde la cual el ser humano puede vivir con verdadera estabilidad. • La identidad judía, cuando se vive desde adentro, no es una carga — es una fuente de coherencia y paz interior. • La seguridad que viene de una conexión espiritual genuina no la puede dar ni quitar ninguna circunstancia externa.

PREGUNTAS PARA SEGUIR PENSANDO

1. ¿Hay coherencia entre lo que valorás en lo profundo y cómo vivís tu día a día? 2. ¿Tu identidad judía es algo que vivís como un peso o como un recurso? ¿Por qué? 3. ¿Qué prácticas concretas de tu vida judía te dan estabilidad interior más allá de las circunstancias?

CÓMO LLEVARLO A LA PRÁCTICA

Identificá una práctica de tu vida judía que te haga sentir más conectado con vos mismo y con algo más grande. Comprometete a realizarla con más consciencia y presencia esta semana. No como obligación: como regalo que te das a vos mismo.

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