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El lugar que solo vos podés ocupar

  • Foto del escritor: Levi Shmotkin
    Levi Shmotkin
  • 27 may
  • 3 min de lectura

En 1943, mientras Europa ardía, el Rebe escribió una carta de apertura para un calendario escolar destinado a niños judíos estadounidenses. La carta decía: 'Este mundo es un gran palacio real, el palacio de Di-s, construido a partir de numerosas partes componentes, grandes y pequeñas. Incluso la partícula más pequeña del gran edificio dejaría un hueco si faltara. Cada uno de nosotros debe, por lo tanto, hacer su parte.'

No era retórica. Era una afirmación filosófica y teológica de enorme peso.

No hay piezas de repuesto en el universo

La Cabalá enseña que el alma de cada persona desciende a este mundo para cumplir un rol específico e intransferible. La Providencia Divina orquesta que cada uno llegue exactamente al lugar y al momento que le corresponde. No hay nadie que sobra. No hay nadie que llegó por error. Así como en una casa bien ordenada cada objeto tiene su lugar y su función — y la ausencia de cualquier pieza crea un vacío —, lo mismo ocurre en el diseño del universo. Tu presencia en este mundo llena un espacio que nadie más puede llenar.

Dos maneras de vivir

El Rebe presentó esta elección con claridad directa: la vida puede encararse como una cuestión de placer —donde cada decisión apunta a sacar el máximo provecho personal— o como un desafío, asumiendo la responsabilidad de ayudar a hacer un mundo mejor. ¿Y cuál ofrece más satisfacción? El Rebe era claro: es el segundo enfoque el que brinda el máximo placer — verdadero placer y gratificación.

Tu misión no tiene que ser épica

Un error frecuente: pensar que tener un 'propósito' significa hacer algo extraordinario, famoso, recordado por la historia. El Rebe desmontaba esa ilusión con gentileza. No te van a pedir cuentas por no haber sido otro. Solo por no haber sido plenamente vos. La mayor parte del impacto real ocurre en lo cotidiano: cómo tratás a las personas que te rodean, cómo crecés como ser humano, cómo transmitís valores a los que vienen después.

Cuando el propósito cura

El sentido de misión no es solo inspirador. Es terapéutico. El Rebe señalaba que en los momentos de mayor oscuridad emocional, tener un propósito claro puede ser lo que te da la fuerza para levantarte. No hace falta tenerlo todo resuelto. Alcanza con saber que tu presencia en el mundo importa, y que hay algo concreto que podés hacer hoy — aunque sea pequeño — que nadie más puede hacer exactamente igual que vos.

IDEAS CLAVE

• Cada persona ocupa un lugar en el universo que solo ella puede llenar. • Vivir con propósito —más allá del propio bienestar— genera una satisfacción más profunda que vivir solo para el placer. • Tu misión no tiene que ser grandiosa: puede desplegarse en las interacciones cotidianas de cada día.

PREGUNTAS PARA SEGUIR PENSANDO

1. Si tu vida fuera una pieza de un gran edificio, ¿qué parte estás construyendo hoy? 2. ¿Qué cambia en vos cuando hacés algo que sientes que tiene un propósito más grande que vos mismo? 3. ¿Qué talentos o capacidades tenés que estás desaprovechando? ¿Por qué?

CÓMO LLEVARLO A LA PRÁCTICA

Tomá 10 minutos y escribí: ¿Qué es lo que solo yo puedo aportar en mi círculo más cercano — familia, amigos, comunidad? No lo que deberías hacer, sino lo que genuinamente sos vos y nadie más. Eso es tu misión más inmediata. Empezá por ahí.

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